Cremas cicatrizantes
Ayudan a proteger e hidratar la piel de alrededor, que suele estar reseca y con eccema. No cierran la úlcera ni sustituyen la compresión.
Si llevas semanas o meses cambiando pomadas y la herida del tobillo sigue abierta, no es que estés haciendo mal las curaciones. Es que la úlcera venosa no cierra mientras la causa siga activa: la presión de la sangre estancada. Con el Dr. Dalid Nieto Zepeda, angiólogo, con ultrasonido Doppler desde la primera consulta.
Casi nunca empieza como una herida. Empieza mucho antes, en la piel. Tras años de insuficiencia venosa, la sangre estancada deposita hierro bajo la piel del tobillo: aparecen las manchas café, la piel se reseca, da comezón y poco a poco se endurece.
Sobre esa piel ya dañada, cualquier cosa mínima abre la lesión: un rasguño al rascarse, el roce del calcetín, un golpe contra la mesa de centro. Y esa herida, que en una pierna sana cerraría en una semana, aquí no cierra.
Si aún no tienes la úlcera pero sí las manchas café y la piel endurecida, estás en el momento exacto en que todavía se puede evitar. Ese es el grado C4 de la clasificación CEAP: la última señal antes de la herida.
Imagina una llave abierta y el piso mojado. Puedes trapear todos los días con la mejor jerga del mercado: mientras la llave siga abierta, el piso seguirá mojado. La úlcera venosa funciona igual.
La llave abierta es el reflujo venoso: la sangre que se regresa y mantiene una presión alta constante en la parte baja de la pierna. Esa presión asfixia al tejido, impide que llegue oxígeno suficiente al borde de la herida y bloquea la cicatrización a nivel celular. Las pomadas son la jerga.
El error más común que veo en consulta: pacientes con curaciones impecables y cero compresión. La curación cuida la herida; la compresión es la que cierra la llave.
Son las búsquedas más frecuentes de quien tiene una úlcera, y merecen respuestas concretas. Los productos tópicos sí tienen un papel, pero no el que la mayoría cree.
Ayudan a proteger e hidratar la piel de alrededor, que suele estar reseca y con eccema. No cierran la úlcera ni sustituyen la compresión.
Sí son parte del tratamiento, pero no todos sirven para toda úlcera: el apósito se elige según cuánto exuda, si hay tejido muerto y el estado de los bordes.
Es el mito más extendido. La cicatrización moderna busca un ambiente húmedo controlado. Una costra dura y reseca retrasa el cierre y puede esconder tejido infectado debajo.
El alcohol y los antisépticos fuertes dañan el tejido nuevo que intenta crecer. Las infusiones, cenizas o pomadas caseras aumentan el riesgo de infección y de dermatitis de contacto.
Toda úlcera tiene bacterias en la superficie y eso no significa infección. El antibiótico se reserva para signos claros; usarlo «por si acaso» genera resistencias.
Compresión + curación adecuada + corrección del reflujo. Ese trío es el tratamiento; todo lo demás lo acompaña.
Confundirlas tiene consecuencias reales: la compresión que cura una úlcera venosa puede agravar una arterial. Por eso el primer paso siempre es identificar de cuál se trata.
| Úlcera venosa | Úlcera arterial | Pie diabético | |
|---|---|---|---|
| Dónde aparece | Cara interna del tobillo | Dedos, talón, puntos de presión | Planta del pie, bajo la cabeza de los dedos |
| Aspecto | Superficial, bordes irregulares, exuda mucho | Profunda, bordes marcados, seca | Redonda, con callo alrededor |
| Dolor | Moderado; mejora al elevar | Intenso; empeora al elevar | Poco o nulo por la neuropatía |
| Piel alrededor | Manchas café, endurecida | Pálida, fría, sin vello | Seca, agrietada, con callosidad |
| Pulsos del pie | Presentes | Débiles o ausentes | Variables |
| Compresión | Es el tratamiento | Contraindicada | Según el caso |
Es una prueba de dos minutos que compara la presión del tobillo con la del brazo y dice si hay enfermedad arterial asociada. Muchas úlceras son mixtas, venosas y arteriales a la vez, y ahí la compresión debe ajustarse o evitarse. Vendar sin haberlo medido es correr un riesgo innecesario.
El tratamiento tiene cuatro piezas y ninguna funciona bien sola. La combinación es la que logra que la herida cierre y, sobre todo, que no vuelva a abrirse.
Vendaje multicapa o sistema compresivo que contrarresta la presión venosa. Es lo que más influye en el cierre y lo que más se abandona.
Limpieza, desbridamiento del tejido no viable y apósito elegido según el exudado y el estado de los bordes. Ambiente húmedo controlado.
Láser endovenoso o escleroterapia de las venas responsables. Cierra la llave: es lo que evita que la úlcera regrese.
Manejo del edema, nutrición, control de diabetes, movilidad del tobillo y peso. Todos influyen de forma medible en la velocidad de cierre.
El dolor es la parte que más desgasta, sobre todo de noche. Estas medidas ayudan mientras se instaura el tratamiento, pero conviene entender qué tipo de dolor tienes, porque no todos significan lo mismo.
Señal importante: si el dolor es intenso, punzante, aparece de noche y empeora al elevar la pierna, deja de encajar con una úlcera venosa pura. Hay que descartar infección o un componente arterial antes de seguir subiendo la dosis de analgésico.
No cualquier mal olor es infección, pero estos signos sí exigen valoración sin demora: dolor que aumenta de un día a otro, enrojecimiento que se extiende por la pierna, calor e hinchazón crecientes, secreción purulenta, fiebre o escalofríos. En personas con diabetes, el umbral debe ser aún más bajo. Llama al 55 8418 9807.
Curar una úlcera sin estudiar el sistema venoso es tratar el síntoma. El ultrasonido Doppler identifica exactamente qué vena está refluyendo y si esa corrección puede acelerar el cierre y prevenir la recurrencia.
Cerrar la úlcera es la mitad del trabajo. Una úlcera cicatrizada corresponde al grado C5 de la clasificación CEAP, y esa piel queda frágil de por vida. Esto es lo que marca la diferencia entre cerrar una vez y no volver a abrirla.
Es la medida que más reduce la recurrencia. Si la llave sigue abierta, la úlcera vuelve; es cuestión de tiempo.
Media médica diaria, aunque la piel se vea bien. Es la indicación que más se abandona y la que más recaídas evita.
Hidrátala a diario, evita golpes y roces, y no uses calcetines con elástico apretado en el borde.
La rigidez del tobillo empeora el retorno venoso. Caminar y hacer ejercicios de flexión mantiene la bomba funcionando.
La proteína, el zinc y la vitamina C intervienen en la cicatrización; el exceso de peso aumenta la presión venosa.
Un control con Doppler detecta nuevo reflujo antes de que la piel se rompa otra vez.
Angiólogo, cirujano vascular y endovascular. Manejo integral de la úlcera venosa: curación avanzada, terapia compresiva y corrección del reflujo con láser endovenoso o escleroterapia, en Hospital Ángeles Lindavista y Star Médica Tlalnepantla.
«Excelente persona y gran profesional de su ramo. Estoy infinitamente agradecido por la atención que vienen prestando en mi padecimiento vascular del pie derecho.»
«Excelente médico, ya que tiene la atención e información sobre el estado de salud del paciente, dando el seguimiento y el tratamiento.»
«Una atención personalizada con mucha calidad humana. Excelente explicación del diagnóstico, un profesionalismo de primer nivel. Altamente recomendable.»
Elige la sede que te quede más cerca. Ambas cuentan con ultrasonido Doppler y curación en consulta.
Casi nunca empieza como herida. Primero la piel del tobillo se oscurece con manchas café, se reseca, da comezón y se endurece. Sobre esa piel dañada, un rasguño mínimo, un golpe leve o el roce del calcetín abren una lesión que ya no cierra, porque el problema de fondo no es la herida sino la presión venosa que la sostiene.
Porque la causa sigue activa. La sangre estancada mantiene alta la presión dentro de la vena, y esa presión impide que el tejido cicatrice por más pomadas que se apliquen. Mientras no se controle con compresión adecuada y no se corrija el reflujo venoso, la herida puede seguir abierta meses o años.
Ninguna crema cierra por sí sola una úlcera venosa. Los apósitos y productos tópicos ayudan a mantener el ambiente adecuado, controlar el exudado y proteger la piel de alrededor, pero son un complemento. Lo que realmente la cierra es la terapia compresiva sumada a la corrección del reflujo.
La curación moderna busca un ambiente húmedo controlado, no secar la herida. Una costra dura y reseca retrasa la cicatrización y puede ocultar tejido infectado debajo. Tampoco conviene el otro extremo: el exceso de exudado macera la piel de alrededor. Por eso el apósito se elige según cuánto exuda cada úlcera.
Elevar la pierna por encima del corazón alivia bastante, porque baja la presión venosa. Una compresión bien colocada suele reducir el dolor en pocos días, y los apósitos que no se adhieren evitan el dolor del cambio. Si el dolor es intenso, punzante o empeora al elevar la pierna, hay que descartar infección o componente arterial antes de insistir con analgésicos.
Todas las úlceras tienen bacterias en su superficie, y eso no es infección. Se sospecha cuando aparece dolor que aumenta, enrojecimiento que se extiende, calor, mal olor intenso, secreción purulenta, fiebre o deterioro repentino de la herida. El antibiótico se indica en esos casos, no de forma rutinaria ni preventiva.
Con compresión adecuada y tratamiento del reflujo, muchas cierran entre seis y doce semanas. Las de mayor tamaño, muy antiguas o con componente arterial pueden tardar varios meses. El factor que más acelera el cierre es la constancia con la compresión: es la parte que más se abandona y la que más pesa en el resultado.
Sí, y la recurrencia es frecuente cuando solo se cura la herida sin tratar la causa. Corregir el reflujo y mantener la compresión reduce mucho esa probabilidad. Una úlcera cicatrizada corresponde al grado C5 de la clasificación CEAP y requiere seguimiento aunque la piel se vea bien.
Sí, y la higiene es parte del tratamiento. Lava con agua y jabón neutro, seca la piel de alrededor sin frotar la herida y coloca de inmediato el apósito y la compresión. Evita sumergir la pierna en tinas o albercas, y no apliques alcohol ni productos irritantes sobre la úlcera.
El Dr. Dalid Nieto Zepeda atiende en Hospital Ángeles Lindavista (C. Riobamba 639, Col. Magdalena de las Salinas, Gustavo A. Madero) y en Star Médica Tlalnepantla (Av. Sor Juana Inés de la Cruz 280, Fracc. Industrial San Lorenzo). Citas al 55 8418 9807.
Una valoración con ultrasonido Doppler identifica qué vena mantiene abierta tu úlcera y permite armar el tratamiento completo: compresión, curación y corrección del reflujo.
Hospital Ángeles Lindavista · Star Médica Tlalnepantla · Céd. esp. 12440428