Inmovilidad y hospitalización
Reposo en cama, una fractura enyesada o una internación prolongada. Sin movimiento de pantorrilla, la sangre se estanca.
Si una sola pierna se te hinchó de forma repentina, duele como un calambre que no cede y se siente caliente, no esperes a que se pase. Puede ser un coágulo en una vena profunda, y el diagnóstico se confirma en minutos con un ultrasonido Doppler.
Dificultad para respirar, dolor en el pecho al inspirar, latido acelerado, tos con sangre o desmayo pueden indicar que un fragmento del coágulo viajó al pulmón (embolia pulmonar). Eso no se atiende en consulta: llama al 911 o acude a urgencias de inmediato. Esta página es información, no un sustituto de la atención de emergencia.
No existe un síntoma que confirme el diagnóstico por sí solo, y ahí está la trampa: hay trombosis con molestias mínimas. Pero cuando varios de estos signos aparecen de forma repentina y en un solo lado, hay que estudiarla el mismo día.
El signo más constante. Aparece en horas o pocos días y no cede al elevar la pierna, a diferencia de la hinchazón por insuficiencia venosa.
Como un calambre o una contractura que no se quita con descanso ni con masaje. Empeora al pisar o al flexionar el pie hacia arriba.
La piel se siente más caliente que la del otro lado y puede tomar un tono rojizo o violáceo.
Al obstruirse la vena profunda, la sangre busca salida por las superficiales y estas se hacen más visibles de lo normal.
Sensación de que la pierna «va a reventar». Muchos pacientes lo describen como una presión que no habían sentido antes.
Mídete ambas pantorrillas con una cinta, a la misma altura. Una diferencia de más de 3 cm es un dato clínico relevante.
Lo que no debes hacer mientras tanto: no masajees la pierna, no apliques calor y no «camines a ver si se baja». Si hay un coágulo, manipularlo puede favorecer que se desprenda. Mantén la pierna en reposo y busca valoración.
Sí, pero conviene entender dónde está el peligro, porque casi nunca es donde la gente cree. El coágulo en la pierna, por sí mismo, no suele poner en riesgo la vida. El problema es que un fragmento se desprenda y viaje por la circulación hasta el pulmón: eso se llama embolia pulmonar y es la complicación que sí puede ser mortal.
Sobre el pronóstico: es una de las búsquedas más frecuentes y merece una respuesta directa. Una trombosis en la pierna, tratada, no acorta la esperanza de vida en la mayoría de los casos. Lo que determina el pronóstico es la rapidez con que se inicia la anticoagulación y la causa de fondo que la provocó.
Ambas son coágulos en una vena, pero el sistema afectado cambia por completo el nivel de urgencia y el tratamiento.
| Trombosis venosa superficial | Trombosis venosa profunda | |
|---|---|---|
| Dónde ocurre | Vena visible bajo la piel, con frecuencia una várice | Venas grandes internas de la pierna |
| Qué se palpa | Cordón duro, rojo y doloroso al tacto | Pierna hinchada y tensa, sin cordón definido |
| Riesgo de embolia | Bajo, pero no nulo | El principal riesgo |
| Tratamiento | Antiinflamatorio, compresión y a veces anticoagulante | Anticoagulación siempre |
| Urgencia | Valoración pronta | Mismo día |
Una trombosis superficial cercana a la ingle o a la rodilla puede extenderse al sistema profundo a través de las venas que los comunican. Por eso, aunque duela «solo en una vena de arriba», el Doppler debe revisar ambos sistemas.
Se forma cuando coinciden tres condiciones que la medicina describe desde hace más de un siglo: la sangre circula lenta, la pared de la vena está lesionada y la sangre tiene mayor tendencia a coagular. Estos son los escenarios que las desencadenan.
Reposo en cama, una fractura enyesada o una internación prolongada. Sin movimiento de pantorrilla, la sangre se estanca.
Sobre todo ortopédica de cadera o rodilla, oncológica o abdominal mayor. El riesgo se mantiene durante varias semanas después.
Vuelos o trayectos en auto de más de cuatro horas sin levantarse, sumados a deshidratación y espacio reducido.
Varios tumores aumentan la coagulabilidad de la sangre. Una trombosis sin causa aparente obliga a descartar una neoplasia oculta.
Anticonceptivos, terapia de reemplazo, embarazo y el puerperio elevan el riesgo, especialmente combinados con tabaquismo.
Alteraciones de la coagulación que se heredan. Se sospechan ante trombosis en personas jóvenes, recurrentes o con antecedentes familiares.
La sospecha clínica no basta: muchos cuadros que parecen trombosis resultan ser una contractura, una celulitis o un quiste de Baker roto, y viceversa. El ultrasonido Doppler venoso resuelve la duda en la misma consulta.
El objetivo no es «disolver» el coágulo a toda costa: es impedir que crezca y que viaje al pulmón mientras el organismo lo reorganiza. La base es la anticoagulación.
Se inicia de inmediato con heparina de bajo peso molecular o anticoagulantes orales directos. Evita el crecimiento del trombo y la embolia.
Media de compresión graduada desde las primeras semanas. Reduce el dolor, la hinchazón y la probabilidad de síndrome postrombótico.
En trombosis extensas y muy recientes que comprometen la pierna, se puede disolver el coágulo mediante catéter.
Reservado a pacientes que no pueden recibir anticoagulación o que embolizan a pesar de ella. Es la excepción, no la regla.
Nunca suspendas el anticoagulante por tu cuenta, aunque la pierna ya esté desinflamada y te sientas bien. El riesgo de recurrencia se concentra justo en las semanas posteriores a una suspensión no supervisada. Cualquier ajuste debe indicarlo tu médico.
Superada la fase aguda queda una pregunta que casi nadie hace en urgencias: ¿cómo quedará la pierna? El coágulo daña las válvulas de la vena desde adentro, y ese daño puede dejar una insuficiencia venosa crónica permanente.
Prevención en viajes y cirugías: si ya tuviste una trombosis, avisa siempre antes de cualquier operación y antes de un vuelo largo. Caminar cada dos horas, hidratarte, hacer ejercicios de tobillo y usar compresión son medidas simples que reducen mucho el riesgo de recurrencia.
Angiólogo, cirujano vascular y endovascular. Diagnóstico urgente y manejo de la trombosis venosa profunda con ultrasonido Doppler en consulta, anticoagulación y seguimiento para prevenir el síndrome postrombótico, en Hospital Ángeles Lindavista y Star Médica Tlalnepantla.
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«Excelente doctor, siempre interesado en dar la mejor atención y seguimiento a sus pacientes. Resuelve tus dudas siempre que lo requieras, el trato siempre humano y respetuoso.»
Ante sospecha de trombosis, llama antes de trasladarte: te indicamos a qué sede acudir según la hora y la disponibilidad.
Sí, es una urgencia médica, pero el peligro no está en la pierna: está en que un fragmento del coágulo se desprenda y viaje al pulmón, lo que se llama embolia pulmonar. Diagnosticada y anticoagulada a tiempo, la gran mayoría evoluciona bien. El riesgo aumenta con cada día que pasa sin tratamiento.
El cuadro típico es hinchazón repentina de una sola pierna, dolor en la pantorrilla parecido a un calambre que no cede, calor, enrojecimiento y tensión. Que afecte solo un lado es la clave: la insuficiencia venosa suele hinchar ambas. Ningún síntoma confirma el diagnóstico por sí solo; hace falta un ultrasonido Doppler.
Se forma cuando coinciden tres condiciones: la sangre circula lenta por inmovilidad, la pared de la vena está lesionada y la sangre tiene mayor tendencia a coagular. Los desencadenantes más comunes son la inmovilidad prolongada, la cirugía reciente, los viajes largos, el cáncer, los anticonceptivos hormonales, el embarazo y las trombofilias hereditarias.
Sí. El episodio agudo se resuelve con anticoagulación: el organismo disuelve o reorganiza el coágulo y el riesgo de embolia desaparece. Lo que no siempre se recupera del todo son las válvulas dañadas dentro de la vena, que pueden dejar como secuela un síndrome postrombótico. Por eso el tratamiento temprano y la compresión son decisivos.
El mínimo habitual es de tres a seis meses. La duración final depende de la causa: si el episodio fue provocado por un factor transitorio como una cirugía, suele bastar ese periodo; si no hubo causa aparente, hubo recurrencia o existe trombofilia o cáncer, puede prolongarse o ser indefinido. Se decide caso por caso.
La superficial afecta una vena visible bajo la piel y se siente como un cordón duro, rojo y doloroso; suele ser menos grave. La profunda ocurre en las venas grandes internas y es la que puede provocar embolia pulmonar. Aun así, la superficial requiere valoración porque puede extenderse al sistema profundo, sobre todo cerca de la ingle.
No conviene viajar durante la fase aguda ni antes de iniciar la anticoagulación. Una vez que el tratamiento está estable, viajar suele ser posible con indicaciones concretas: medias de compresión, hidratación, caminar cada dos horas y ejercicios de tobillo. La autorización la da el médico tratante en cada caso.
Sí, aunque es mucho menos frecuente. Suele relacionarse con catéteres venosos, marcapasos, esfuerzo repetitivo del hombro o compresión en la salida del tórax. Se manifiesta con hinchazón, pesadez y venas marcadas en el brazo, y también requiere valoración urgente con Doppler.
La más frecuente es el síndrome postrombótico: hinchazón crónica, pesadez, cambios de color en la piel y, en casos avanzados, úlceras. Aparece porque el coágulo daña las válvulas de la vena. Usar la compresión indicada y completar el tratamiento reduce mucho esa probabilidad.
El Dr. Dalid Nieto Zepeda atiende en Hospital Ángeles Lindavista (C. Riobamba 639, Col. Magdalena de las Salinas, Gustavo A. Madero) y en Star Médica Tlalnepantla (Av. Sor Juana Inés de la Cruz 280, Fracc. Industrial San Lorenzo). Ante sospecha, llama al 55 8418 9807 el mismo día o acude a urgencias.
Si tienes hinchazón repentina de una sola pierna, con dolor y calor, llama. Un ultrasonido Doppler confirma o descarta la trombosis en la misma consulta, y ese dato cambia todo lo que sigue.
Si además tienes dificultad para respirar o dolor en el pecho, llama al 911 o acude a urgencias.