1. Neuropatía
El nervio deja de avisar. Sin dolor no hay alarma, y la lesión avanza sin que el paciente lo note. También reseca la piel y deforma los dedos.
Una herida que no cierra en el pie de una persona con diabetes no es una herida cualquiera. Casi siempre hay dos cosas detrás: nervios que dejaron de avisar y arterias que dejaron de llevar sangre. Valoración de la circulación con ultrasonido Doppler e índice tobillo-brazo con el Dr. Dalid Nieto Zepeda, angiólogo y cirujano vascular.
Una infección en el pie diabético puede avanzar en horas, y muchas veces sin fiebre y sin dolor. Enrojecimiento que se extiende, secreción con pus, mal olor intenso, zonas oscuras o glucosa descontrolada sin explicación son motivo de atención el mismo día: llama al 55 8418 9807 o acude a urgencias.
Empieza sin dolor, y ahí está todo el problema. La diabetes daña primero los nervios que detectan el dolor y la temperatura. El pie deja de avisar, y una piedra en el zapato, un zapato nuevo o un corte de uña dejan de doler.
La piel se reseca y se agrieta porque las glándulas del sudor también dejan de funcionar. En los puntos donde el pie apoya más, se forma un callo. Debajo de ese callo, la presión repetida rompe el tejido y nace una úlcera que nadie sintió aparecer.
Si tienes diabetes y aún no tienes heridas, ya puedes actuar. El grado 0 de Wagner es el «pie de riesgo»: sin úlcera, pero con neuropatía, mala circulación o deformidad. Es el mejor momento para una valoración, y casi nadie acude en esa etapa.
El pie diabético no es una sola enfermedad: es la suma de tres. Entender cuál pesa más en tu caso es lo que define el tratamiento, y es exactamente lo que se evalúa en la consulta.
El nervio deja de avisar. Sin dolor no hay alarma, y la lesión avanza sin que el paciente lo note. También reseca la piel y deforma los dedos.
Las arterias de la pierna se estrechan y llega poca sangre al pie. Sin flujo no hay cicatrización, por buena que sea la curación.
La glucosa alta debilita las defensas. La infección avanza rápido, a menudo sin fiebre y sin dolor, y es la que precipita la amputación.
Se puede curar impecablemente una herida durante meses y no cerrará nunca si al pie no le llega sangre. Antes de insistir con curaciones hay que responder una pregunta concreta: ¿cuánta sangre está llegando a ese pie? Eso se mide con Doppler arterial e índice tobillo-brazo, y si el flujo es insuficiente, se restablece.
La escala de Wagner es la más usada en México para describir qué tan avanzada está la lesión. Saber el grado no es un tecnicismo: es lo que define la urgencia y el tipo de tratamiento.
| Grado | Qué se observa | Qué significa | Conducta habitual |
|---|---|---|---|
| Grado 0 | Pie de riesgo, sin herida | Hay neuropatía, deformidad o mala circulación | Prevención, calzado y revisión periódica |
| Grado 1 | Úlcera superficial | Solo afecta la piel | Descarga, curación y control de glucosa |
| Grado 2 | Úlcera profunda | Llega a tendón, ligamento o cápsula | Desbridamiento y estudio vascular |
| Grado 3 | Úlcera con absceso o hueso afectado | Infección profunda u osteomielitis | Hospitalización y cirugía |
| Grado 4 | Gangrena localizada | Tejido muerto en dedos o antepié | Revascularizar y amputación menor |
| Grado 5 | Gangrena extensa | Compromete todo el pie | Amputación mayor |
La clasificación de la Universidad de Texas añade a la profundidad dos variables decisivas: si hay infección y si hay isquemia. Es más útil para predecir el riesgo real de amputación.
| Estadio | Qué añade | Riesgo |
|---|---|---|
| A | Sin infección ni isquemia | Bajo |
| B | Con infección | Intermedio |
| C | Con isquemia | Alto |
| D | Con infección e isquemia | Muy alto |
Dos úlceras del mismo tamaño pueden tener pronósticos opuestos: una 1-A suele cerrar sin mayor problema; una 2-D requiere manejo hospitalario y revascularización urgente.
En el pie diabético, la infección no se comporta como en otras personas: puede avanzar rápido sin fiebre y sin dolor, porque el nervio no avisa y las defensas están disminuidas. Estos son los signos que sí hay que buscar activamente.
La zona roja alrededor de la herida crece de un día a otro. Marca el borde con un plumón y compáralo a las horas.
El olor intenso es un dato serio: sugiere bacterias que avanzan en profundidad y tejido en descomposición.
El pie se ve más grueso que el otro y se siente caliente al tacto, incluso sin herida visible.
En un pie con neuropatía, que aparezca dolor es una señal de alarma, no de mejoría.
Cifras que se disparan sin cambios en dieta ni medicamento suelen ser la primera manifestación de una infección oculta.
Indican tejido sin circulación. Es gangrena y requiere valoración vascular inmediata.
La ausencia de fiebre no descarta nada. Más de la mitad de las infecciones graves del pie diabético cursan sin fiebre. Si dudas entre esperar a la próxima consulta o buscar atención hoy, busca atención hoy: en este padecimiento, la demora se paga en tejido.
No. Y conviene decirlo con claridad, porque el miedo a escuchar esa palabra es justamente lo que hace que muchos pacientes retrasen la consulta hasta que ya es tarde.
La mayoría de las amputaciones por pie diabético se consideran prevenibles con atención oportuna. Lo que decide el desenlace casi siempre es la misma pregunta: ¿le llega sangre a ese pie? Cuando hay obstrucción arterial y se logra restablecer el flujo con angioplastía o bypass, heridas que parecían perdidas llegan a cicatrizar.
La valoración responde tres preguntas concretas: cuánto siente el pie, cuánta sangre le llega y qué tan profunda es la lesión. Todo se hace en la misma cita.
El orden importa. Primero se asegura que llegue sangre, luego se controla la infección y se retira el tejido no viable; la curación viene después. Hacerlo al revés es perder tiempo.
Angioplastía con balón, stent o bypass distal para restablecer el flujo. Es lo que convierte una herida que no cierra en una herida que cicatriza.
Retiro del tejido muerto, el callo perilesional y el material infectado. Es lo que permite ver la extensión real de la lesión.
Cuando hay infección, guiado por cultivo siempre que sea posible. En casos profundos, por vía intravenosa y con hospitalización.
Quitar la presión del punto de la úlcera con plantillas, férulas o calzado especial, más curación avanzada con apósitos adecuados.
Sobre cremas, pomadas y parches: las cremas emolientes sirven para hidratar la piel seca y prevenir grietas, siempre en el pie y nunca entre los dedos. Sobre una úlcera ya formada, ninguna pomada la cierra por sí sola. Acompañan el tratamiento; no lo sustituyen.
Son medidas simples y aburridas, y son las que más amputaciones evitan en el mundo real. Si tienes diabetes, esto vale más que cualquier suplemento.
Plantas y entre los dedos, con un espejo o pidiendo ayuda. Busca enrojecimiento, ampollas, cortes o cambios de color.
Ni en casa ni en la playa. Un pie sin sensibilidad no avisa de una astilla, una chinche ni de la arena caliente.
Sin bolsas de agua caliente, cojines eléctricos ni acercar los pies al calentador. Son causa frecuente de quemaduras graves.
Cerrado, de horma ancha y profunda, sin costuras internas. Cómpralo por la tarde y revisa el interior antes de ponértelo.
Corte recto, sin apurar las esquinas. Los callos los retira un profesional: nunca con navaja, tijeras ni parches de ácido.
Dejar de fumar es la medida aislada que más mejora la circulación del pie. Controlar la glucosa acelera cualquier cicatrización.
Angiólogo, cirujano vascular y endovascular. Valoración de la circulación del pie diabético con Doppler arterial e índice tobillo-brazo, revascularización mediante angioplastía o bypass y manejo de úlceras, con el objetivo de salvar la extremidad. Hospital Ángeles Lindavista y Star Médica Tlalnepantla.
«Excelente persona y gran profesional de su ramo. Estoy infinitamente agradecido por la atención que vienen prestando en mi padecimiento vascular del pie derecho.»
«Excelente médico, muy cuidadoso en su diagnóstico. Llegamos a él por una situación de salud de un adulto mayor y continuamos dando seguimiento con él.»
«Excelente atención y profesionalismo. Súper satisfechos con la cirugía practicada a mi padre y con la atención brindada antes, durante y después.»
Ambas sedes cuentan con ultrasonido Doppler arterial y curación en consulta.
Empieza sin dolor, y ese es el problema. Primero aparece la neuropatía: hormigueo, ardor nocturno o adormecimiento que termina en pérdida de sensibilidad. La piel se reseca, se agrieta y se forman callos en los puntos de presión. Bajo ese callo se rompe el tejido y nace una úlcera que el paciente no siente. Muchos la descubren por una mancha en el calcetín o por el olor.
La clasificación de Wagner va de 0 a 5: grado 0 pie de riesgo sin úlcera; 1 úlcera superficial; 2 úlcera profunda hasta tendón o cápsula; 3 úlcera profunda con absceso u osteomielitis; 4 gangrena localizada; 5 gangrena extensa del pie. La clasificación de Texas complementa esa escala indicando si hay infección, isquemia o ambas.
Los signos son enrojecimiento que se extiende, hinchazón, calor, secreción purulenta, mal olor intenso y dolor nuevo en un pie que antes no dolía. También la descompensación repentina de la glucosa sin causa aparente. La fiebre puede faltar por completo, así que su ausencia no descarta una infección grave.
No. La mayoría de las amputaciones por pie diabético se consideran prevenibles con atención oportuna. Lo que determina el desenlace es cuánta sangre llega al pie y qué tan pronto se trata la infección. Cuando existe obstrucción arterial y se restablece el flujo mediante angioplastía o bypass, muchas heridas que parecían destinadas a la amputación llegan a cicatrizar.
Las cremas emolientes sirven para hidratar la piel seca y prevenir grietas, aplicadas en el pie pero nunca entre los dedos. Sobre una úlcera ya establecida, ninguna pomada la cierra por sí sola: hace falta desbridar el tejido no viable, descargar la presión, controlar la infección y asegurar que llegue sangre suficiente.
El manejo es multidisciplinario, pero el angiólogo y cirujano vascular es la pieza central cuando hay compromiso de la circulación, porque es quien estudia el flujo arterial y puede revascularizar el pie. También participan el endocrinólogo o internista para el control de la glucosa y el podólogo clínico para callosidades y descarga.
Caminar de forma regular, dejar el tabaco, controlar glucosa, presión y colesterol, y usar calzado adecuado son las medidas de mayor impacto. Ningún masaje, crema o suplemento abre una arteria obstruida: si el Doppler muestra obstrucción significativa, el flujo se restablece con angioplastía o bypass. Nunca uses bolsas de agua caliente ni cojines eléctricos en los pies.
Calzado cerrado, de horma ancha y profunda, con puntera amplia, sin costuras internas que rocen y con suela que amortigüe. Cómpralo por la tarde, cuando el pie está más hinchado, y estrénalo de forma gradual. Ante deformidades o úlcera previa se indican plantillas de descarga o calzado a medida: la presión repetida es la causa directa de la mayoría de las úlceras.
Todos los días, incluyendo plantas y espacios entre los dedos, con un espejo o pidiendo ayuda si la vista o la movilidad lo dificultan. La revisión con el especialista debe ser al menos anual sin factores de riesgo, y cada tres a seis meses si hay neuropatía, mala circulación, deformidad o antecedente de úlcera.
El Dr. Dalid Nieto Zepeda atiende en Hospital Ángeles Lindavista (C. Riobamba 639, Col. Magdalena de las Salinas, Gustavo A. Madero) y en Star Médica Tlalnepantla (Av. Sor Juana Inés de la Cruz 280, Fracc. Industrial San Lorenzo). Citas al 55 8418 9807.
Una valoración con Doppler arterial e índice tobillo-brazo dice si al pie le llega sangre suficiente y si es revascularizable. Es la información que cambia el pronóstico de una herida que no cierra.
Si el pie está rojo, caliente, con pus o zonas negras, acude hoy mismo o ve a urgencias.